A veces, los sueños están guardados tan profundamente que ni uno los recuerda. En algún tiempo, por diversas razones, los dejamos a un lado, los guardamos y quedaron tapados por las cuestiones diarias, urgentes y seguramente para nosotros más importantes. Sin embargo, con la ayuda de aquellos que nos quieren bien, fuimos rescatando nuestros sueños de entre los escombros, sorprendidos de tenerlos aún con nosotros, entendiendo que no somos lo que hacemos y que de ninguna manera podemos limitarnos a realizar una sola actividad cuando tenemos la capacidad de concretar varias. Aprendimos de maestros circunstanciales la perseverancia, la constancia y el inmenso valor de ser quienes somos y de alcanzar nuestros propios sueños, ofreciendo y dando lo mejor que tenemos estando también listos para recibir también lo mejor de los demás. A todos los maestros que tuve en estos últimos tiempos, que aparecieron en diversos lugares a sabiendas y no. Muchísimas gracias desde el corazón, por todos he crecido y recorro nuevos caminos. Abrazos enormes!!
Mi sueño
Necesitaba un sueño propio que alcanzar, uno nuevo, motivador. Así, buscándolo, comencé a caminar casi todos los días hacia el arroyo que se encuentra muy cerca de mi casa. Durante esas caminatas, deteniéndome cada tanto para respirar bien profundo, el sueño fue tomando la forma de un lugar, un espacio donde aquellas personas que necesitaran un poco de paz en cualquier momento del día pudieran acudir a estar con ellas mismas. Hacia el sueño vamos, haciendo tareas por el camino. Aires del arroyo se construye con cada paso y con cada acción, se fortalece.
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